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viernes, 8 de febrero de 2013

Viejos nuevos dinos… o la variación ontogenética en dinosaurios


Si ponemos a un niño pequeño al lado de un hombre adulto y los comparamos, pronto notaríamos algunas diferencias: el tamaño de la cabeza en relación al cuerpo, el largo de los brazos, el ancho del tórax, entre otras. Y si exploramos en mayor profundidad encontraríamos otros detalles, como la cantidad de dientes (dientes de leche vs. dientes definitivos), la cantidad de vello corporal, el tamaño de la mandíbula, etc. Sin embargo seguiríamos considerando al niño y al adulto como parte de una misma especie (Homo sapiens en este caso). De todas formas, son notables las diferencias entre la versión infantil y la adulta de dos ejemplares de la misma especie, en este ejemplo.

Ahora enfoquémonos en el punto de vista paleontológico: imaginémonos como un paleontólogo extraterrestre estudiando restos de humanos modernos (sencillo pero infalible argumento didáctico). ¿Las diferencias entre el niño y el adulto serían fáciles de distinguir? ¿Podrían hacernos pensar que se trata de especies distintas? (esto podría llevarnos a discutir el tema de la definición de “especie”, especialmente dentro del marco paleontológico, pero dejemos esa discusión para más adelante). Tomemos por ejemplo la cantidad de dientes. Ese carácter, por sí solo, haría que nos planteemos seriamente si se trata de dos especies distintas.

Bueno, este escenario hipotético no es tan hipotético, a lo largo de la historia de la paleontología (y de la neontología también), se han creado muchas especies de seres vivos, a veces basándose en restos muy limitados (como un único diente, o un fragmento de conchilla, o incluso un molde). Esto podría estar oscureciendo la realidad, y quizás, dos dientes llamados de formas distintas hayan pertenecido al mismo animal. Pero a veces, especies basadas en restos mucho más completos y mejor preservados también pueden caer en este dilema.

Robert en sus mejores épocas


Robert Bakker (paleontólogo “experto en dinosaurios”, famoso por numerosos documentales en la década del ’90, por su particular look mezcla de ranchero tejano y rockero cincuentoso, por lo poco convencional de sus ideas acerca de la fisiología de los dinosaurios en los comienzos de su carrera y por el homenaje que se le hizo en Jurassic Park 2: The Lost World, donde es devorado por el simpático T. rex) presentó en 2006, junto a varios colaboradores, el paquicefalosaurio Dracorex hogwartsia. Este simpático animal con tan simpático nombre (que según su etimología hace referencia a “la Academia Hogwarts, invención de J.K. Rowling, en honor a su contribución a la educación de los niños y el placer por la exploración”), está basado en un cráneo perfectamente conservado, que nos muestra a un dinosaurio repleto de cuernos,  espinas y ornamentaciones variadas, dando ese aspecto “draconiano” de algunos paquicefalosaurios (que por si alguno no lo sabe, se trata de aquellos dinosaurios con cabezas duras que suelen darse cabezazos en muchas ilustraciones). Dracorex fue contemporáneo de otros cabeza-dura como el más conocido Pachycephalosaurus (con un cráneo que intenta asemejarse a una gran melón) y el más espinoso Stygimoloch (con otro simpático nombre, pero más rockero que infantil).

Robert Burke, la versión hollywoodense "homenaje"
a Robert Bakker emocionado al ver gigantescos dinosaurios,
antes de ser alegremente devorado por uno de ellos.
Se rumorea que este homenaje fue sugerido por J. Horner, 
asesor científico de Jurassic Park.

Dracorex hogwartsia, el dino-dragón
mascota de Harry Potter.
(The Children's Museum of Indianapolis)


Hace poco tiempo, John "Jack" Horner (uno de los “mejores amigos” de Bakker) y Mark Goodwin publicaron una revisión de estos tres paquicefalosaurios y llegaron a la conclusión de que DracorexStygimoloch representaban estadios juveniles de Pachycephalosaurus. Así pudieron reconstruir una serie ontogenética (a lo largo del desarrollo del organismo) donde se observa un aumento progresivo del “melón” de su cabeza, y una reducción sustancial de las protuberancias y espinas.

Muchos cuernos y melones, la ontogenia de Pachycephalosaurus
(Imagen de Holly Woodward)

Arriba: Torosaurus. Abajo: Triceratops.
Cuernos totales: 6 (muchos).
(Imagen de Nicholas Longrich)
Algo similar ocurrió con el famoso Triceratops (aquel tierno dinosaurio con tres cuernos, quizás el más famoso luego del Tyrannosaurus). Multitud de especies de Triceratops, y de otros dinosaurios cornudos (Ceratópsidos, como se denomina al grupo) fueron creadas sobre la base de muchos materiales craneanos. Torosaurus utahensis (cuyo nombre no hace referencia al bóvido, sino al gran torus -perforación- en su cráneo), poseía el galardón de ser el dinosaurio con la cabeza más grande, de aproximadamente 2 metros de largo, incluyendo la cresta (denominada gola) formada por los huesos posteriores del cráneo que se extienden más allá del cuello. Una reciente reinterpretación, también con la participación de J. Horner, indica que Torosaurus sería un estadío muy tardío de Triceratops. (Más recientemente, Longrich y Field, en 2012, contradijeron estas conclusiones y aportaron nuevas pruebas para la validez de Torosaurus, pero el debate continua).


Pequeño Raptorex bajo papá Tyrannosaurus.
(Imagen de Todd Marshall)

Raptorex kriegsteni, proveniente del Cretácico temprano de China, fue publicado a partir de un esqueleto completo por Sereno (el paleontólogo sensacionalista) y colaboradores en 2009 como un nuevo tiranosaurio pocket, especial para dejar en el patio rugiéndole a los pájaros. Fowler y colaboradores (incluyendo al omnipresente Jack Horner) mostraron en 2011 pruebas de que el pequeño Raptorex era en realidad un juvenil Tarbosaurus (otro tiranosaurio, pero modelo estándar, con cabeza grande y dientes largos, del tipo de los que aparecen en películas). También incluyeron entre los resultados que el fósil provenía realmente de Mongolia y databa del Cretácico tardío, una diferencia de unos 60 millones de años, nada más.



Y para no extenderme mucho más, les dejo mencionado el caso de Nanotyrannus, otro tiranosaurio minimalista (pero no tan pocket como Raptorex) descripto por el vapuleado R. Bakker y relegado a Tyrannosaurus juvenil por el siempre dispuesto J. Horner (aunque en la actualidad, el viejo Jack se encuentra intentando obtener un dinosaurio a partir de la manipulación de genes de pollos -aunque usted no lo crea-).

Pocas veces la variación ontogenética es tenida en cuenta a la hora de revisar y describir nuevas especies (y ahora no me limito a dinosaurios). Quizás esto sea un producto del paradigma tradicional entre los paleontólogos de considerar que la información contenida en las rocas es sólo una pequeñísima porción del pasado geológico, por lo que se vuelve estadísticamente reducida la posibilidad de encontrar dos individuos de la misma especie.

La moraleja de estas historias podría ser que hay que tener cuidado a la hora de definir nuevas especies, y nunca dejar de lado las posibles variaciones ontogenéticas, o, también podría ser, nunca llevarse mal con el buen Jack, quién siempre se prestará para hacer desaparecer un par de dinosaurios de la historia.

Jack Horner meditando sobre qué dinosaurio
dilapidar próximamente.

... really, there are too many dinosaurs.
  
Bibliografía

Bakker, R., Sullivan, R., Porter, V., Larson, P. y Saulsbury, S. 2006. Dracorex hogwartsia, n. gen., n. sp., a spiked, flat-headed pachycephalosaurid dinosaur from the Upper Cretaceous Hell Creek Formation of South Dakota. En: Lucas, S. y Sullivan, R. (eds.) Late Cretaceous vertebrates from the Western Interior. New Mexico Museum of Natural History and Science Bulletin 35: 331-345. Trabajo accesible gratuitamente aquí

Fowler, D., Woodward, H., Freedman, E., Larson, P., Horner, J. 2011. Reanalysis of “Raptorex kriegsteni”: A juvenile tyrannosaurid dinosaur from Mongolia. PLoS ONE 6 (6): 1-7. Trabajo accesible gratuitamente aquí

Horner, J. y Goodwin, M. 2009. Extreme cranial ontogeny in the Upper Cretaceous Dinosaur Pachycephalosaurus. PLoS ONE 4 (10): 1-11. Trabajo accesible gratuitamente aquí

Longrich, N. y Field, D. 2012. Torosaurus is not Triceratops: Ontogeny in Chasmosaurine Ceratopsids as a case of study in dinosaur taxonomy. PLoS ONE 7(2): 1-10. Trabajo accesible gratuitamente aquí

Scannella, J. y Horner, J. 2010. Torosaurus Marsh, 1891, is Triceratops Marsh, 1889 (Ceratopsidae: Chasmosaurinae): Synonymy through ontogeny. Journal of Vertebrate Paleontology 30 (4): 1157-1168. Trabajo no accesible grauitamente, lamentablemente, pero pueden ver el abstract aquí

8 comentarios:

  1. Los genes no existen, no le creo nada a J. Horner

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  2. A veces también hay diferencias entre paleontólogos sobre si dos dinosaurios son de la misma especie, o género, sin mediar ningún tipo de estudio de cambios durante la ontogenia, sino por cuestiones de criterio (o a veces ni siquiera es un criterio, sino "porque se le canta"). El paleontólogo e ilustrador Gregory Paul tiene la tendencia a aglutinar especies dentro de un único género, por ejemplo Deinonychus en Velociraptor (aunque en su ultimo libro los deja en géneros separados, aunque a Tsaagan mangas si lo refiere a Velociraptor). De hecho, es muy probable que gracias a este rejunte que hizo Paul en su "Predatory Dinosaurs of the World", Crichton haya hecho a sus Velociraptor tan grandes (de hecho, en la novela, Grant dice que estaba excavando un Velociraptor antirrhopus, y no un Deinonychus antirrhopus).

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  3. También algunos paleontologos creen que si estas en un periodo particular o formación (supongamos Cretácico superior, mas restringido aun, turoniano) solo podes encontrar un único genero de carnívoro grande o pequeño y cualquier cosa que salga debe ser referido a ese taxón pues no puede haber mas géneros o especies. Este criterio es absolutamente desechable, creer que solo puede haber un único carnívoro grande para una misma formación es no tener criterio.

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  4. son unos viejos que a la larga de tanto fumar polvo en el campo se volvieron completamente desquiciados, uno queriendo revivir dinosaurios y el otro consagrando a harry!

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