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lunes, 2 de diciembre de 2013

Álbum de fotos de una almeja perdida... o Particularidades ontogéneticas de los bivalvos

Thalassoma
bifasciatum

(tomado de aquí)
¿Alguno de ustedes se puso a revisar fotos viejas alguna vez? Ciertas madres suelen armar álbumes de fotos con imágenes de sus niños desde el nacimiento hasta que éstos les permiten tomar fotos. Si uno se pusiera a ver todas esas fotos una detrás de la otra, podría generar una especie de "serie ontogenética" de una persona, y observar todos los cambios que ocurren a lo largo de su crecimiento: la cabeza que se vuelve menos redonda, los hombros cada vez más anchos, el pelo que aparece debajo de la nariz, los cambios de proporción entre los ojos y la cara, etc. Este tipo de prácticas son frecuentes con algunos organismos fósiles, donde se suelen armar series ontogenéticas que ilustran el desarrollo de un determinado organismo a lo largo de su vida, y las modificaciones que acontecen en su morfología. La más frecuentes son, quizás, las de los trilobites, donde se puede observar el agregado de segmentos y las variaciones en céfalo y pigidio que ocurren tras las diversas mudas que atraviesa un individuo.

Repetidísima serie ontogenética de un trilobite
genérico, desde pichón a hombrecito formado
(tomado de Fusco et al., 2011).


Álbum de fotos de una Parabolina
frequens argentina
(Kayser), desde
protáspis a meráspis II (tomado de
Tortello y Clarkson, 2008)
En este vistoso grupo paleozoico, su gran abundancia ha permitido en muchos casos encontrar y reconstruir individuos de todos los estadíos ontogenéticos para muchas especies. Es necesario encontrar casi todos las etapas para observar la serie. Entre los primeros estadíos y los siguientes, ocurren importantes cambios morfológicos, especialmente en lo que respecta a céfalo y pigidio. El tórax crece por el agregado de segmentos.








Pero esto no es exclusivo de los trilobites, se han estudiado las series ontogenéticas de muchos otros organismos. No hace mucho tiempo, nosotros llamábamos la atención sobre algunos dinosaurios con problemas ontogenéticos, como los paquicefalosaurios que el doctor John Horner intentaba destruir. Algo similar ocurre con los dinosaurios hadrosaurios, especialmente con sus estrafalarias estructuras olfatorias alteradas como llamativas crestas, que podrían haberse visto modificadas a lo largo de la ontogenia en cada especie. También en este caso, para realizar la reconstrucción, es necesario encontrar cantidad de ejemplares que ilustren diversas etapas del crecimiento. Por suerte los hadrosaurios cretácicos sobran bastante.
Lindas crestas crecientes en algunos hadrosaurios
(tomado de Brink et al., 2011).
La falta de conocimiento ontogenético en una especie, como vimos en el caso de Dracorex, podría generar confusión acerca de la identidad de los taxones fósiles. Otro inconveniente es el que surge al intentar estudiar patrones macroevolutivos en los linajes. Por ejemplo, desconocer la ontogenia de una especie puede hacernos ignorar casos de heterocronías que podrían verse en el registro fósil. 

Pero el inconveniente sigue siendo la necesidad de conocer una buena cantidad de ejemplares que ilustren todas las etapas del crecimiento.... o no. ¿No? ¿Cómo que no?. Sí. Estoy diciendo que, en algunos casos, no hace falta tener una buena cantidad de ejemplares mostrando todas las etapas de desarrollo de una especie. 

Muchos organismos tienen crecimiento acrecional, lo que quiere decir que van agregando unidades a su estructura total a medida que crecen. Los corales o los briozoos son algunos ejemplos entre los animales coloniales. Es muy fácil imaginar a un briozoo que suma zooides similares a medida que crece. Este tipo de crecimiento también ocurre en animales no coloniales, y está bien establecido en los moluscos. La mayor parte de los moluscos presentan una conchilla externa, que funciona como un exoesqueleto y se forma en etapas muy tempranas del desarrollo. Por ejemplo en los bivalvos, la conchilla constituída por dos estructuras va agregando capas a partir del contacto con el manto diariamente a lo largo de su vida (incluso hay estudios donde se observa que el bivalvo sigue agregando capas aunque este bajo circunstancias extremas, como fuera del agua por varios días -cita pendiente-). Lo interesante en los bivalvos es que todas esas capas forman parte del organismo a lo largo de toda su vida. Los bivalvos preservan en sus propias valvas un registro completo de sus caracteres externos a lo largo de su crecimiento post-larval. Y muchas veces se puede precisar temporalmente este crecimiento. Por lo tanto, entre estos organismos tenemos un verdadero álbum de fotos ontogenético disponible. 

Crampton y Maxwell utilizaron esta ventaja en el 2000 para realizar una reconstrucción del género Spissatella, un simpático bivalvo crassatélido de Nueva Zelanda, y así estudiar la evolución del mismo. De esta manera pudieron observar la presencia de variaciones en la forma de cada individuo. Las spisatelas más jovenes poseían conchillas más cuadradas, mientras que las más grandes presentan conchillas alargadas, con una especie de proyección. Esto estaría implicando diferencias en la profundidad a la que vive cada almeja. 

Spissatella subobesa y un escueto esquema de su crecimiento,
tal como lo mostraron Crampton y Maxwell (2000, tomado
de ellos mismos).

Y así podemos seguir a la hermosa Spissatella a lo largo de su vida, desde sus cuadrados comienzos a su ovalada vejez, como si pasaramos las páginas de un álbum de fotos. 

Otros autores ya habían hablado de la ventaja de poder contar la vida de una almeja a partir de sus líneas de crecimiento, exactamente como ocurre en los grandes árboles (la llamada "dendrocronología") (por ejemplo Jones y Gould, en 1999). 

Lo infortunado es que esta ventaja que presentan los bivalvos (y que también puede encontrarse en gastrópodos y cefalópodos con conchillas externas -como los amonites-) ha sido muy, pero muy, poco explotada. Muy poco. Digamos que casi nada. 



Take a picture of yourself once a day ... and will become in a clam



Bibliografía

Brink, K., Zelenitsky, D., Evans, D., Therrien, F., Horner, J. 2011. A sub-adult skull of Hypacrosaurus stebingeri (Ornithischia: Lambeosaurinae): Anatomy and comparison. Historical Biology 23 (1): 63-72.

Crampton, J., Maxwell, P. 2000. Size: all it's shaped up to be? Evolution of shape through the lifespan of the Cenozoic bivalve Spissatella (Crassatellidae). Geological Society of London Special Publication 177: 299-423.

Fusco, G., Garland Jr., T., Hunt , G., Hughes, N. 2011. Developmental trait evolution in trilobites. Evolution 66 (2): 314-329. 

Jones, D., Gould, S. 1999. Direct measurement of age in fossil Gryphaea; the solution to a classic problem in heterochrony. Paleobiology 25 (2): 158-187.

Tortello, F., Clarkson, E. 2008. Ontogeny, structure and moulting of Parabolina frequens argentina (Kayser) (Trilobita, Olenidae) from the Furongian of northwestern Argentina. Ameghiniana 45 (1): 13-31.

lunes, 29 de julio de 2013

Fearful symmetry... o el origen trirradial de la pentarrialidad en equinodermos.

William Blake dedicaba su famoso poema a un tierno felino (un tigre), pero este vertebrado no tiene una complicada relación con su simetría, como sí ocurre con otros animales. Cuando se habla de "simetría" entre los metazoos, siempre se recurre a los dos extremos: los animales radiales y los bilaterales. Y como abanderados de los radiales, los libros de zoología suelen recurrir a las bellas estrellas de mar, miembros del phylum Echinodermata. Los equinodermos son un grupo fascinante, poseedores de un complejo endoesqueleto formado por osículos calcíticos y dueños de una complicada simetría pentarradial. Y ahí está la marca importante del grupo.

Un pentámera estrella, posada sobre
un coral, observándonos sin ojos.

Triple reconstrucción del tripartito
Tribrachidium en una estampilla
australiana (que seguro fue impresa
por triplicado).
Mucho se ha escrito sobre el origen de los equinodermos y de su perturbadora simetría. La teoría más aceptada indica que la simetría radial es una adaptación a un modo de vida sésil en los primeros miembros del grupo, que a su vez provendrían de antepasados bilaterales (como lo prueban las larvas bilaterales de todos los equinodermos modernos). A lo largo de la historia se los ha asociado a sipuncúlidos, lofoforados, hemicordados, entre otros. Lo único cierto es que el grupo existe ya desde el Cámbrico, hace unos 530 millones de años. En las famosa fauna de Ediacara se han encontrado animales bizarros que han sido propuestos como posibles equinodermos basales. Ese es el caso de Arkarua adami y Tribrachidium heraldicum. Ninguno de estos animales posee simetría pentarradial, pero Tribrachidium posee su propia versión de simetría radial: trirradial. Sí, más complicaciones.

Durante el Paleozoico más temprano, existieron diversos grupos de equinodermos: Homalozoos, Blastoideos, Eocrinoideos, Paracrinoideos, Edrioasteroideos, Helicoplacoideos, etc., que no hacen más que conflictuar el ya complejo origen del grupo. En varios de estos grupos la simetría pentarradial está ausente. Por ejemplo, los homalozoos fueron unos animales bastante extraños que pululaban entre la bilateralidad y la asimetría, mientras que los helicoplacoideos mostraban una forma bastante particular de trirradialidad helicoideal.

Fondo marino del Cámbrico con sus equinodermos, uno más
loco que el otro. Nótese lo extravagante de sus formas.
Se pueden apreciar Helicoplacoideos (las urnas de la
izquierda-fondo), Homalozoos (aquellos bichos con o
sin cola desparramados por el suelo), Edrioasteroideos
(el círculo con la estrella de la derecha), Cistoideos
(las grandes bolas con tentáculos de la derecha) y
Blastoideos (en el centro de la imagen).
Complejo fósil y sencilla reconstrucción del intrigante y
espiralado Helicocystis morccoensis.
Un descubrimiento reciente arroja más luz (o niebla) al origen de la pavorosa simetría de los equinodermos. Andrew Smith y Samuel Zamora publicaron la descripción de un pequeño animal parecido a un helicoplacoideo pero con una muy remarcable particularidad: en lugar de presentar simetría trirradial, Helicocystis moroccoensis posee simetría pentarradial. Este animalejo no tiene más de dos centímetros de largo, posee una forma espiralada como todos los helicoplacoideos, pero una boca apical (en lugar de la típica boca lateral de estos bichos) y cinco surcos ambulacrales que surgen de ella. Se trata de un organismo sésil, suspensívoro, que viviría fijo al fondo captando particular de alimento. Según los autores, se trataría del más primitivo equinodermo con simetría pentarradial, y el grupo hermano de los clados de equinodermos modernos. Los equinodermos habrían pasado por varias etapas en su simetría, con un origen bilateral, atravezando fases asimétricas (homalozoos), trirradiales espiraldas (helicoplacoideos), pentarradiales espiraladas (el nuevo Helicocystis), hasta alcanzar la simetría pentarradial que poseen en la actualidad (con los edrioasteroideos como su primer representante).


Filogenia de los equinodermos basales, mostrando
su viaje astral por diversas simetrías
(tomado de Smith y Zamora, 2013).
Smith y Zamora (2013) nos muestran las homologías entre
algunos grupos de equinodermos basales: Edrioasteroideos
(Stromatocystites) y Eocrinoideos (Gogia), con el nuevo
Helicocystis. El color rojo indica los surcos ambulacrales.

Contabilizando un poco: los equinodermos son bichos muy, muy locos. Y si la extravangacia de su plan corporal en la actualidad puede dejar perplejo a un observador casual, aquel que pueda ser testigo de su historia evolutiva quedaría estupefacto. No me alcanzan las palabras grandilocuentes para describir el camino atravezado por estos hermosos animales, surgidos de la imaginación del más perturbado escritor lovecraftiano.


... What immortal hand or eye could frame thy fearful symmetry?


Bibliografía:

Smith, AB y Zamora, S. 2013. Cambrian spiral-plated echinoderms from Gondwana reveal the earliest pentaradial body plan. Proceedings of the Royal Society B advance online publication 26/06/2013, doi:10.1098/rspb.2013.1197 Link aquí

sábado, 15 de junio de 2013

Dinosaurios: Descubre los Gigantes del Mundo Prehistórico!... o Paleontología de la Divulgación Paleontológica

Los invito a acompañarme en un viaje de descubrimiento, un viaje hacia el pasado, que nos permitirá descubrir gigantes, monstruos, y otras maravillosas criaturas que vivieron en nuestro planeta hace millones de años... Bajemos lentamente la palanca de nuestra Time Machine y paremos en 1994. Maradona era reclamado por el público luego del desastroso 0-5 contra la Colombia del Pibe Valderrama y nosotros todavía no terminábamos de salir del asombro de ver esas bestias rugiendo en la pantalla algunos meses después del estreno de Jurassic Park. En esos tiempos, en los kioskos de diarios y revistas de Argentina, se vio por primera vez la siguiente portada:
Este curiosamente rígido Tyrannosaurus nos
ignoraba mirando hacia otro lado desde aquella
mítica Dinosaurios #1

Hagamos un poco de Paleontología... indaguemos sobre este hallazgo. Llegado este punto les propongo acompañarme a realizar un estudio paleontológico sobre un gran hito de la divulgación paleontólogica. Y sí, lo digo sin ningún problema, la publicación en fascículos "Dinosaurios: Descubre los Gigantes del Mundo Prehistórico", editada por la española Planeta DeAgostini, constituye uno de los momentos mas importantes de la divulgación de la paleontología en el país, solo comparable a otros como Jurassic Park (tema del que ya hemos hablado y no duden de que seguiremos hablando en este blog) o el libro "Dinosaurios de la A a la Z".

Empecemos por contextualizar: durante el principio de los noventas, motivados por una tendencia proveniente de España, los puestos de diarios argentinos se veían rebosantes de publicaciones fasciculadas de las temáticas mas variadas, engatuzándonos con bajos precios iniciales y con artilugios armables por piezas donde "cada número trae una nueva pieza para completar tu tren/avión de guerra/castillo medieval/condensador de flujos/tiranosaurio". Embarcarse en alguna de esas trampas implicaba un viaje casi épico, con un constante aumento de precio y reducción de contenido. Pero Dinosaurios tenía algo distinto. Era muy atrayente, con muy buena información (y con bastante alta fidelidad) y con una calidad divulgativa y pedagógica que la hacían destacar sobre cualquier otra obra del estilo. Planeta DeAgostini se encargó de traducir, editar y, muy pocas veces, modificar una colección inglesa (Dinosaur! Discover the giants of the prehistoric world) patrocinada por el Natural History Museum de Londres y respaldada por un grupo de profesionales (entre los que destacaba como asesor principal el paleontólogo David Norman, el "Dr. Norman, de la Universidad de Cambridge, responde a tus preguntas sobre dinosaurios" de la contratapa). La edición argentina se editó entre 1994 y 1995 y era una copia exacta de la española (e incluso muchos números conservaban el precio en "pesetas"...).

Pensábamos que se
terminaba pronto...
El plan original incluía 52 fascículos que traían las piezas para armar un esqueleto de plastico duro (que brillaba en la oscuridad) de un Tyrannosaurus, sumado a piezas de piel plástica verde (que nos invitaban a pintar a mano, para un mejor acabado, aunque la tarea de ensamblar esas piezas me haya resultado imposible). Luego de esto, la revista era acompañada por un mazo de cartas. Casi llegando al final, donde el protagonismo de los dinosaurios se reducía dejando lugar a otros protagonistas (mamíferos, invertebrados, aves, anfibios, etc...), nos anunciaban la continuación hasta el número 78. Esta vez, los fascículos venían acompañados de las piezas para armar un Triceratops (aunque sin piel). Una segunda edición para Argentina se realizó cerca del año 2000, pero no tengo más datos de la misma.



En España, la publicación continuó por segunda vez, llegando hasta el fásciculo 104, e incluyó además los esqueletos armables de un Pteranodon y un Stegosaurus (quizás esta sea la fuente de aquella extraña pieza triple que formaba la cabeza de un Stego, mezclada en alguno de los tomos...).

Pruebas irrefutables desde España de que la cosa
no se había terminado cuando nos dijeron!
"Datos Clave" contándonos sobre el raro Avaceratops y
el africano Dicraeosaurus.
La estructura de cada fascículo se repetía número a número, con tres fichas iniciales ("Datos Clave") de animales prehistóricos, con la inicial destacada, de tres páginas, y las otras dos de una página cada una. Luego continuaban tres secciones principales ("Dinosaurios Guía"; "Cuaderno de Campo" y "Sigue la huella"
), una lámina ilustrada (protagonizada por la bestia inicial de cada entrega), una imagen "3-D" (para la cuál el primer número nos traía unos simpáticos lentes con forma de tiranosaurio), una doble página de curiosidades con un "Cuestiosaurio", una historieta (dibujada por Mike Dorey, a doble página, donde mediante viñetas nos relataban sucesos históricos de la paleontología, especialmente de dinosaurios), y un glosario alfabético de todos los dinos posibles.

Aquellas raras imágenes 3-D, acompañadas de los tirano lentes!
"Cuaderno de Campo", contándonos sobre Perros Prehistóricos,
e incluyendo un simpático Cerdocyon.
Los temas presentados abarcaban todos los aspectos de la
paleontología. Por ejemplo, este "Sigue la huella" nos ayudaba
a interpretar estratigráficamente un perfil geológico.
La obra se destacaba por su alta calidad gráfica, y su impresionante uso de ilustraciones (la gran mayoría provenientes del banco de ilustraciones del Natural History Museum). Se puede decir que las ilustraciones eran los protagonistas de cada número. Las primeras portadas eran ilustraciones originales, mientras que a partir del sexto número se limitaban a utilizar ampliaciones de alguna imagen interior (principalmente se usaba alguna del dinosaurio "protagonista" de cada número). Otro gran aporte era su amplitud de temáticas: a pesar de promocionarse a través de los dinosaurios, la revista abarcaba todos los ángulos posibles de la paleontología (desde la vida en el Precámbrico hasta las glaciaciones pleistocénicas, pasando por el origen de los pastizales modernos o las megafloras del Carbonífero). Todos los temas tenían lugar en la revista, incluso desde el primer número. Y mostraba una actualización del día a día increíble (por ejemplo, en muchas revistas se mencionaba el caso del Seismosaurus halli, un gran saurópodo diplodocoideo de la Formación Morrison de varias decenas de metros de largo -hoy sinonimizado con Diplodocus longus- el cual se encontraba todavía en tareas de extracción por aquellas épocas) Y por último, a mi parecer su más grande punch divulgativo, la revista acercaba al lector, con mucha naturalidad, a la profesión del paleontólogo: notas mostrando paleontológos como si fueran estrellas de rock, historietas contando hallazgos significativos o históricos, o secciones sobre trabajos en museos del mundo. Nombres como
Edward Cope, Robert Bakker, Richard Owen, John Hatcher o Georges Cuvier se volvieron conocidos para los que leíamos esa revista semana a semana.

Una historieta sobre el descubrimiento de Eoraptor lunensis, en el
Valle de la Luna, San Juan, donde podemos ver a un joven
Ricardo Martínez acompañando a Paul Sereno. 

Esos títulos grandilocuentes, esas ilustraciones efectistas y con un toque de gore, esa multitud de datos curiosos y, sobre todo, esa variada cantidad de datos bien documentados, hicieron de Dinosaurios una de las mejores obras de divulgación paleontológica en Argentina (y en varios lugares de Latinoamérica). Para todo aquel que aún conserve estas revistas, lo invito a revolver cajas y cajones y adentrarse un momento a leer la historia caricaturizada de dos partes sobre "La Guerra de los Huesos", buscar cuanto mide el Yangchuanosaurus, averiguar cual es el dinosaurio con el nombre más largo o buscar aquel dato sobre un paleontólogo que quiso conquistar Albania.

¿Qué están esperando para ir a buscarlas?


...Dinosaurs! Discover the giants of the prehistoric world


Pero esto no se termina acá (por suerte)

La publicación independiente Velociraptors sacó en su primer número una nota sobre estas revistas, que se puede leer online:
http://issuu.com/revistavelociraptors/docs/volumen1

Y para aquel que no las encuentre.... en este blog hay links para descargar la mayoría de las revistas:
http://www.paleodino.blogspot.com.ar/2013/04/dinosaurios-descubre-los-gigantes-del.html

lunes, 20 de mayo de 2013

"Henry Wu y el fracaso del Parque Jurásico" o "...El hombre crea al dinosaurio, el dinosaurio se come al hombre..."

Empezaremos este post con una premisa: “Todos los lectores de este blog vieron al menos una vez Jurassic Park”

En el caso de que Ud., querido lector, no cumpla la premisa, le pedimos que se retire momentáneamente, vea la película, y vuelva. Si, Ud. también... vaya, vaya... lo esperamos.

Bueno, ahora si, todos vieron Jurassic Park.

"...no dijiste la palabra mágica..."
Todos tenemos en claro que uno de los mayores desencadenantes del fracaso de Jurassic Park (no la saga de cine, sino el parque en si) fue que Hammond contrató a Nedry. El deleznable Nedry. El espia Nedry. Ese que trabajaba para Dodgson. El del “ha, ha, ha, no dijiste la palabra mágica!”, que a modo de justicia poética, es escupido y luego ingerido por un dilofosaurio medio deforme. Nedry causó el colapso del parque cortando la luz. Nedry claramente decía ser alguien que no era, y la gente del Parque Jurásico le creyó. 



Genetista en jefe Henry Wu
Sin embargo, tengo mis sospechas de que Nedry no era el único infiltrado en el staff del parque. Creo que el jefe del departamento de genética, el mismísimo Henry Wu (el chino, para los que no se acuerdan del personaje) era también un espía, y no era tan genetista como trataba de hacer creer a la gente. Tener como cabeza de la investigación habría sido una maniobra sutil y eficaz del malvado Dodgson... sin embargo Wu comet errores básicos que sugieren que era bastante pobretón en esto de la clonación, los dinosaurios, y la taxonomía básica...




 1. Quien no recuerda la escena de nacimiento en el laboratorio? incluso en ella somos testigos de un pequeño desliz de Wu, al no avisarle a Hammond que la cría del “velociraptor” estaba por nacer. Pero no es a eso a lo que quiero apuntar, sino a algo más sutil. Cuando el embelesado Grant mira a la cría que tiene en sus manos, su cara cambia a una más seria, levanta la vista y le pregunta al genetista Wu: -¿qué especie es esta?- a lo que Wu responde, dudando apenas:-hum, es un Velociraptor-

Dije "¿qué especie?", no "¿qué género?"
Ahora bien, todos los organismos vivos, tanto plantas como animales, se clasifican siguiendo reglas preestablecidas, que hace que categorías menores sean agrupadas en categorías mayores. Por ejemplo, las especies se agrupan en géneros (un género puede tener varias especies); las familias agrupan géneros, los órdenes agrupan familias.... etc. Y las especies tienen una particularidad: son binomiales, es decir que el nombre de una especie se compone de dos palabras. Homo sapiens, por ejemplo, es una especie. Tyrannosaurus rex es otra especie. Ya dijimos que las especies se agrupan en géneros, y da la casualidad (en realidad, no es una casualidad, pero bueh) que el género es la primera de las dos palabras que forman la especie: Homo y Tyrannosaurus en este caso. Lo que Wu responde a Grant no es el nombre de una especie, sino un género. Una especie sería Velociraptor mongoliensis, por ejemplo... diferenciar qué es una especie y qué es un género es algo que cualquier estudiante de biología promedio sabe...


2. Recuerdan la escena en la que Nedry abre los congeladores donde tienen guardados a los embriones de dinosaurios? bueno, es notable que haya nombres de dinosaurios mal escritos! tanto Tyrannosaurus como Stegosaurus (dos nombres que creo que hasta un chico de 5 años puede deletrear) estan mal, ya sea por falta de una “n” en el primero como el cambio de la “e” por una “a” en el segundo. Se podrían haber informado de lo que estaban clonando, no? Es notable en los embriones también que se usen los nombres de géneros (Stegosaurus, Metriacanthosaurus) salvo en el caso del Tyrannosaurus rex, que se escribe directamente su especie. 
¿Embriones con nombres mal escritos?
Mosquito macho, no hematófago, sin Dino-ADN dentro
3. Hablamos de los embriones, pero... como obtienen embriones viables de dinosaurios? simple, buscando ámbar con mosquitos preservados. Los mosquitos podrían haber picado a dinosaurios mesozoicos, conservando sangre en su interior, y al quedar preservados en ámbar contendrían la sangre con el preciado ADN de dinosaurio. Esto nos lo muestran claramente en el tour que les hacen a Grant, Sattler y los otros. Lo que también nos enseñan es a un técnico del laboratorio (supuestamente a las órdenes de Wu) taladrando ámbar y tratando de extraer sangre/ADN de un posible dinosaurio del que se haya alimentado. Si se fijan bien, el mosquito está bien preservado, y tiene hasta esas antenas con plumerillos típicos de los mosquitos machos... mosquitos macho... que no pican porque no se alimentan de sangre! las hembras de los mosquítos son las hematófagos! Intentar extraer ADN de dinosaurio de un mosquito macho es un derroche de recursos que nunca daría resultado!!!


Muldoon preguntando "que onda con la lisina"
4. En un momento de la película, cuando ya todo se fue al demonio, se plantea la posibilidad de usar el “recurso de la lisina”: Wu creó a los dinosaurios con un defecto genético que les impide sintetizar el aminoácido lisina, por lo tanto tienen que ingerirlo externamente, mediante un suplemento alimenticio rico en lisina, y si no lo comen se mueren (no tengo en claro de que manera esto sería una solución a corto plazo como requieren en la película....). Lo que Wu no sabía, aparentemente, es que ningún animal puede sintetizar lisina. La lisina es uno de los denominados 20 aminoácidos esenciales, y en particular este aminoácido es producido por bacterias, plantas u hongos. Es decir que no hay nada que Wu pueda haber hecho que provoque que los dinosaurios no puedan producir lisina, ya que desde el vamos no iban a poder hacerlo! Esto es otra cosa que cualquier estudiante de biología, al menos los avanzados, alguna vez ha estudiado, y es definitivamente imposible que no lo sepa un genetista que está justamente tratando de generar mecanismos de seguridad para que no se escapen dinosaurios!!

Hyperolius viridiflavus, rana que cambia de sexo
5. En la novela, al igual que en la película, Wu utiliza ADN de rana para rellenar huecos en el material genético dinosauril. Esto provoca un inconveniente, ya que según Wu todos los animales del parque son hembras, porque el los diseñó así, pero el ADN de ranas provoca que luego los animales se reproduzcan, porque eligieron ADN de unas ranas que pueden cambiar de sexo (....)! lo más notable es que en la novela se dice que no todos los dinosaurios tuvieron “parches de ADN de rana”, sino que sólo unos pocos, con lo que los otros animales no deberían de reproducirse (suponiendo que Wu hizo bien el trabajo de impedir que se desarrollen machos). Pero no, en la secuencia del escape en bote por el río, Grant y los chicos ven a una pareja de dinosaurios realizando un ritual de apareamiento, por lo que no pueden ser dos hembras. Lo raro es que los animales son Dilophosaurus, que según Wu no tienen ADN de rana... así que es probable que el protocolo que supuestamente provocaba que todos los animales fueran hembras haya fallado por completo.




"que lista eres... ¿no quieres ser nuestra nueva genetista en jefe?"
Si a mi me preguntan, Wu es tanto o más culpable del fracaso de Jurassic Park que Nedry... al menos al programador se lo come un dinosaurio... en la película el destino de Wu es más incierto (aunque posiblemente se haya ido en el barco durante la tormenta). En la novela, el genetista es muerto por un “velociraptor” que se dió cuenta que era un espía... 







...they set a trap! they actually set a trap!

domingo, 12 de mayo de 2013

El caso de los fósiles peripatéticos... o el fraude científico en paleontología

La palabra "peripatético" posee dos acepciones (tres en español, si nos ponemos estrictos): en primer lugar, refiere a los inmediatos seguidores de la filosofía aristotélica, y la otra, mas acorde al origen griego de la palabra, quiere decir "viajero", "caminante" (los peripatéticos de Aristóteles eran aquellos alumnos que lo escuchaban mientras el maestro caminaba elaborando sus discursos). John Talent, un geólogo y paleontólogo australiano especializado en braquiópodos paleozoicos, utilizó esta palabra para titular un interesante artículo que publicó en la revista Nature en 1989 (Nature 338: 613-615). El artículo hacía referencia a un fraude. Un fraude sobre fósiles viajeros.

Una mancha en el mantel...
La ciencia es una disciplina que se autopresume impoluta. Un científico presenta pruebas de su investigación y de sus conclusiones, y sus colegas en primer lugar no dudan de la veracidad de las mismas. Cada prueba es un testigo que acaba de jurar sobre su veracidad ante el juez. ¿Por qué dudar de las pruebas? ¿qué sentido tiene?. Esta percepción de pulcritud nos permite confiar, de alguna manera, en el trabajo de otros colegas. No dudamos inicialmente, ¿por qué habríamos de hacerlo?. Un científico puede ser mejor o peor, pero en todo caso, no puede ser un mentiroso. No tendría sentido en nuestra concepción de la disciplina. Bueno, esta pulcritud no siempre se mantiene. A veces quedan pequeña manchas de salsa en el mantel. Y John Talent nos señalo una.

Este australiano estuvo durante años recopilando información debido a sus dudas acerca de una gran cantidad de publicaciones provenientes de la región de los Himalayas, en la India, todas firmadas en soledad o en compañía de colegas por un omnipresente autor: Vishwa Jit Gupta, prominente paleontólogo hindú. Este autor ha publicado la muy envidiable cantidad de 458 trabajos (incluyendo cinco gruesos libros) entre 1964 y 1990, en los que da volúmen a la mayor parte de la geología y la paleontología de la zona de los Himalayas. En ellos Gupta analiza braquiópodos, conodontes, graptolites, crinoideos, ostracodos y
Ammonoideos como este Goniatítido de Erfoud, Marruecos,
fueron adquiridos por Gupta en mercados de París y
repotados como provenientes de Khimokul-La, en la
frontera Indo-Nepalesas... muy rebuscado el tipo
ammonoideos del Paleozoico y Mesozoico. J. Talent encontró que los fósiles que Gupta afirmaba como provenientes de diversas localidades hindúes, en realidad habían sido comprados o robados de distintos lugares del mundo. ¿Conodontes endémicos de América del Norte en la India y Nepal? ¿Ammonites marroquíes en los Himalayas? en principio, estas preguntas pueden no ser fuente de dudas para un paleontólogo, ya que estas cuestiones pueden surgir de nuestro trabajo. Pero Talent analizó la metodología guptiana al detalle, mostrando que en algunas ocasiones el hindú plagiaba ilustraciones de trabajos previos y mostraba oscuramente los datos geográficos de proveniencia de sus materiales. La metodología guptiana incluía viajes alrededor del mundo, principalmente a congresos, en los cuáles Vishwa Jit recorría los mercados de pulgas locales para adquirir curiosos fósiles, o visitaba colecciones y "mágicamente" hacía desaparecer pequeñas piezas. Luego, Gupta mostraba sus interesantes "hallazgos" a algún especialista (principalmente jóvenes ansiosos y prominentes) y los invitaba a participar de la descripción de sus fósiles "asiáticos".

Tras la denuncia de J. Talent, Gupta intentó defenderse, aludiendo al hecho de que al manchar su reputación,
Gupta se quedó muy solo....

Talent estaba inculpando a numerosos y prestigiosos colegas. Pero no tuvo suerte, muchos de los coautores de aquellos trabajos se sumaron a la denuncia, indicando que Gupta había "colectado" los fósiles por su cuenta, que practicamente ninguno había participado en sus campañas, y, aquellos que si lo habían hecho, no habían encontrado aquellos materiales que Gupta publicaba. Nunca más Vishwa Jit volvió a publicar fuera de su país. Su carrera a nivel mundial estaba finiquitada, su credibilidad tenía tanto sustento como una pirámide de cartas. Sin embargo, Gupta pudo conservar su puesto académico en la Universidad de Chandigarh, pero a cambio, dejó a todo el Departamento de Geología de dicha universidad bajo un oscuro manto de sospecha.



Las dimensiones del fraude de Gupta son increíbles. La mancha (no una inofensiva mancha de salsa sino toda una mano de pintura negra) sobre la geología de la India, es hoy muy dificil de borrar. El caso de los fósiles peripatéticos no es el único caso de fraude de la historia de la paleontología, ni siquiera el más reciente (recordemos el famoso caso del "Hombre de Piltdown" de principios del siglo XX, o el más moderno "Engaño del Archaeoraptor" de 1999), pero de alguna manera planta una semilla de sospecha sobre lo impoluto de la Ciencia.

Lo que dejó Gupta...

Aún hoy, nadie puede confirmar cuales fueron las motivaciones de Vishwa Jit Gupta. ¿Un intento de progreso en su carrera científica? ¿una imperiosa necesidad de ver su nombre en la mayor cantidad de trabajos posibles? ¿una retroalimentación en la fascinación de Gupta por sus viajes alrededor del mundo? ¿o tan sólo el intento del bueno de Vishwa por demostrarnos la fragilidad sobre la cuál se sostiene la limpieza científica?

... is a wonderful fossil? is an amazing discovery? No! is a hoax!

Extensa bibliografía, en orden cronológico:

Talent, J. 1989. The case of peripatetic fossils. Nature 338: 613-615 (acá el link, aunque no free available desde Nature pero sí desde acá).
Gupta, V. 1989. The case of peripatetic fossils: part 2. Nature 341:11-12 (la respuesta de Gupta, tampoco free...)
Ahluwalia, A., Bhatia, S., Bassi, U. y Janvier, P. 1989. The case of peripatetic fossils: part 3. Nature 341: 13-16 (el inmediato descargo de los coautores acusados)
Waterhouse, B. 1990. The peripatetic fossils: Part 4. Nature 343: 306-307 (más leña sobre el fuego...)
Talent, J. 1990. The peripatetic fossils: Part 5. Nature 343: 405-406 (nadie lo salva a Guptita)

Hay muchísimos otros trabajos donde van y vienen las acusaciones, aunque en general son del tipo "Todos contra Gupta", o "Gupta contra todos". Para el lector interesado recomiendo dos revisiones del caso:

Molina, E. 1994. El fraude de los fósiles reciclados abre el debate en el seno de la comunidad científica. La Alternativa Racional 33: 23-25 (disponible en internet)

Alinovi, M. 2009. Vishwa Jit Gupta, o el fraude imaginario. En: Alinovi, M. Historia Universal de la Infamia Científica. Siglo XXI Editores. 

martes, 2 de abril de 2013

Marketing Científico 101 .... o títulos divertidos en papers

Cuando nos chocamos por la vida con un paper (jerga popular que se usa para designar a una publicación científica), arrancamos, obviamente, por el título. En general, los títulos de los trabajos científicos intentan en una única frase contener toda la información posible acerca del trabajo que sigue, en la menor cantidad posible de palabras. En el caso de un trabajo de paleontología, las normas editoriales de una revista científica piden para el título cosas como "Debe ser corto e informativo, incluir el grupo fósil tratado y contener, cuando ello es posible, en palabras que sean comprensibles para un amplio rango de lectores ubicación estratigráfica y geográfica general, si fuere apropiado." O sea, corto, sencillo y claro. Por ejemplo: "Achillesaurus manazzonei, a new alvarezsaurid theropod (Dinosauria) from the Late Cretaceous Bajo de la Carpa Formation, Río Negro Province, Argentina". Con este título ya sabemos que el trabajo trata de un dinosaurio, que es nuevo, es un terópodo alvarezsáurido y proviene del Cretácico Tardío de Río Negro, Argentina. Listo, todo claro, ya sabemos que nos vamos a encontrar. ¿Interesante? quizás sí, quizás no (bueno, es un dinosaurio... y "alvarezsaurio" suena simpático, por qué no hay fernandezsaurios? o rodríguezsaurios?) ¿Atrayente? mmm, no genera nuevas preguntas, no genera intriga: ya conocemos desde el comienzo lo más importante del contenido del paper.

El título es la puerta de invitación a la lectura de un escrito. Si lo analizamos por el lado más comercial, un título puede resultar atrayente o repelente. Pero en el caso de las publicaciones científicas... resultan... inertes. No suelen anticipar resultados del trabajo de investigación (a veces sí, pero no siempre, no es lo más común en todas las áreas). Pero a veces (muy, pero muy pocas veces) nos encontramos con científicos que intentan atraer al lector, usando las herramientas más viles del marketing, intentando desde el título, generar una importante carga de intriga o una fuerte impresión en el posible e incauto fisgón que lo obligue a seguir leyendo.

Veamos un ejemplo:
Hof, D.y Hazlett, N. Mortal combat: an apparant intraspecific killing by a male Black-capped Chickadee. Journal of Field Ornithology 83 (3): 290-294. (aquí un link al resúmen

El pequeño y terrible Poecille atricapillus

En este caso, haciendo alusión al popular videojuego noventoso, los autores nos anticipan que se trata de peleas. Y nos llaman la atención. El trabajo trata sobre una observación de campo acerca de una pelea intraespecífica entre dos pajarillos de la especie Poecile atricapillus. Pero el golpe de efecto del título logra su objetivo: nos llama la atención








¿El simpático paserín se habrá sentido como Sub-Zero al arrancarle la espina a su siempre vil contrincante Scorpion?





Pero este recurso no es exclusivo del campo del comportamiento animal, si volvemos a nuestro punto de partida, la Paleontología, nos podemos encontrar con Richard Fariña, paleontólogo uruguayo, especializado en el área de los grandes mamíferos cuaternarios y su biomecánica. Mas allá de lo controvertidas que pueden ser sus ideas sobre la ecología y comportamiento de la megafauna sudamericana (de lo cuál se podría escribir un post individual -y no duden que lo haremos en el futuro...-), Richard se destaca también por sus títulos marketineros: El regreso de los gliptodontes bípedos (1993. Ameghiniana 30: 330); ¿Dónde están los grandes carnívoros lujanenses? (1993. Ameghiniana 30: 104); Megatherium, the stabber (Megatherium, el apuñalador, 1996. Proceedings of the Royal Society of London, Series B 263: 1725-1729); Megatherium, el pelado (2002. Ameghiniana 39: 241-244), por citar sus ejemplos más destacados.

Richard, abrazando los restos de un gliptodonte saltarín
Esta lista que podría ser la de una serie de películas clase B sobre zombies prehistóricos no es más que una pequeña parte del currículum académico del gran Richard, y un importante ejemplo de lo que llamamos para titular esta entrada "Marketing Científico". Y aquí es dónde lo invito a usted, lector ocasional o seguidor de este humilde blog, a emitir su opinión acerca de esta poco difundida práctica: ¿un paper con el título de "Megatherium, el pelado" no despierta su curiosidad? ¿no lo invita a descubrir el posible argumento científico o rebusque literario detrás de tan llamativas palabras?


El salvaje Megatherium apuñalador está a punto de dar un zarpazo a un desprevenido cavernícola (avances de la próxima película de Richard).

Richard Fariña no es el único paleontólogo en recurrir al juego de títulos, podemos recordar a nuestro querido y ya mencionado Robert Bakker, autor de títulos como "Dinosaur Heresies" (Herejías de los Dinosaurios), que si bien no se comparan con los antes citados, cumplen en llamar la atención del lector ocasional. 

En otros campos, la práctica puede que se haya ido un poco al extremo, como en el siguiente ejemplo:
Campos-Arceiz, A. 2009. Shit happens (to be useful)! Use of elephant dung as a habitat by amphibians. Biotropica 41 (4): 406-407. (Resúmen aquí)

Al parecer, los títulos graciosos no son beneficiosos para aumentar los índices de citación de un paper, según algunos estudios (http://www.researchtrends.com/issue24-september-2011/heading-for-success-or-how-not-to-title-your-paper/) (sí, se estudian incluso los títulos). 

Podríamos pasarnos un buen rato con la cantidad de ejemplos que existen de esta práctica, pero la intención hasta aquí es abrir la pregunta: ¿son poco serios estos títulos, o permiten abrir una nueva puerta a la literatura científica, logrando lo que es común dentro de la literatura tradicional, atraer al lector a partir del título?


...Beware! The Stabber Megatherium stalks!


viernes, 8 de febrero de 2013

Viejos nuevos dinos… o la variación ontogenética en dinosaurios


Si ponemos a un niño pequeño al lado de un hombre adulto y los comparamos, pronto notaríamos algunas diferencias: el tamaño de la cabeza en relación al cuerpo, el largo de los brazos, el ancho del tórax, entre otras. Y si exploramos en mayor profundidad encontraríamos otros detalles, como la cantidad de dientes (dientes de leche vs. dientes definitivos), la cantidad de vello corporal, el tamaño de la mandíbula, etc. Sin embargo seguiríamos considerando al niño y al adulto como parte de una misma especie (Homo sapiens en este caso). De todas formas, son notables las diferencias entre la versión infantil y la adulta de dos ejemplares de la misma especie, en este ejemplo.

Ahora enfoquémonos en el punto de vista paleontológico: imaginémonos como un paleontólogo extraterrestre estudiando restos de humanos modernos (sencillo pero infalible argumento didáctico). ¿Las diferencias entre el niño y el adulto serían fáciles de distinguir? ¿Podrían hacernos pensar que se trata de especies distintas? (esto podría llevarnos a discutir el tema de la definición de “especie”, especialmente dentro del marco paleontológico, pero dejemos esa discusión para más adelante). Tomemos por ejemplo la cantidad de dientes. Ese carácter, por sí solo, haría que nos planteemos seriamente si se trata de dos especies distintas.

Bueno, este escenario hipotético no es tan hipotético, a lo largo de la historia de la paleontología (y de la neontología también), se han creado muchas especies de seres vivos, a veces basándose en restos muy limitados (como un único diente, o un fragmento de conchilla, o incluso un molde). Esto podría estar oscureciendo la realidad, y quizás, dos dientes llamados de formas distintas hayan pertenecido al mismo animal. Pero a veces, especies basadas en restos mucho más completos y mejor preservados también pueden caer en este dilema.

Robert en sus mejores épocas


Robert Bakker (paleontólogo “experto en dinosaurios”, famoso por numerosos documentales en la década del ’90, por su particular look mezcla de ranchero tejano y rockero cincuentoso, por lo poco convencional de sus ideas acerca de la fisiología de los dinosaurios en los comienzos de su carrera y por el homenaje que se le hizo en Jurassic Park 2: The Lost World, donde es devorado por el simpático T. rex) presentó en 2006, junto a varios colaboradores, el paquicefalosaurio Dracorex hogwartsia. Este simpático animal con tan simpático nombre (que según su etimología hace referencia a “la Academia Hogwarts, invención de J.K. Rowling, en honor a su contribución a la educación de los niños y el placer por la exploración”), está basado en un cráneo perfectamente conservado, que nos muestra a un dinosaurio repleto de cuernos,  espinas y ornamentaciones variadas, dando ese aspecto “draconiano” de algunos paquicefalosaurios (que por si alguno no lo sabe, se trata de aquellos dinosaurios con cabezas duras que suelen darse cabezazos en muchas ilustraciones). Dracorex fue contemporáneo de otros cabeza-dura como el más conocido Pachycephalosaurus (con un cráneo que intenta asemejarse a una gran melón) y el más espinoso Stygimoloch (con otro simpático nombre, pero más rockero que infantil).

Robert Burke, la versión hollywoodense "homenaje"
a Robert Bakker emocionado al ver gigantescos dinosaurios,
antes de ser alegremente devorado por uno de ellos.
Se rumorea que este homenaje fue sugerido por J. Horner, 
asesor científico de Jurassic Park.

Dracorex hogwartsia, el dino-dragón
mascota de Harry Potter.
(The Children's Museum of Indianapolis)


Hace poco tiempo, John "Jack" Horner (uno de los “mejores amigos” de Bakker) y Mark Goodwin publicaron una revisión de estos tres paquicefalosaurios y llegaron a la conclusión de que DracorexStygimoloch representaban estadios juveniles de Pachycephalosaurus. Así pudieron reconstruir una serie ontogenética (a lo largo del desarrollo del organismo) donde se observa un aumento progresivo del “melón” de su cabeza, y una reducción sustancial de las protuberancias y espinas.

Muchos cuernos y melones, la ontogenia de Pachycephalosaurus
(Imagen de Holly Woodward)

Arriba: Torosaurus. Abajo: Triceratops.
Cuernos totales: 6 (muchos).
(Imagen de Nicholas Longrich)
Algo similar ocurrió con el famoso Triceratops (aquel tierno dinosaurio con tres cuernos, quizás el más famoso luego del Tyrannosaurus). Multitud de especies de Triceratops, y de otros dinosaurios cornudos (Ceratópsidos, como se denomina al grupo) fueron creadas sobre la base de muchos materiales craneanos. Torosaurus utahensis (cuyo nombre no hace referencia al bóvido, sino al gran torus -perforación- en su cráneo), poseía el galardón de ser el dinosaurio con la cabeza más grande, de aproximadamente 2 metros de largo, incluyendo la cresta (denominada gola) formada por los huesos posteriores del cráneo que se extienden más allá del cuello. Una reciente reinterpretación, también con la participación de J. Horner, indica que Torosaurus sería un estadío muy tardío de Triceratops. (Más recientemente, Longrich y Field, en 2012, contradijeron estas conclusiones y aportaron nuevas pruebas para la validez de Torosaurus, pero el debate continua).


Pequeño Raptorex bajo papá Tyrannosaurus.
(Imagen de Todd Marshall)

Raptorex kriegsteni, proveniente del Cretácico temprano de China, fue publicado a partir de un esqueleto completo por Sereno (el paleontólogo sensacionalista) y colaboradores en 2009 como un nuevo tiranosaurio pocket, especial para dejar en el patio rugiéndole a los pájaros. Fowler y colaboradores (incluyendo al omnipresente Jack Horner) mostraron en 2011 pruebas de que el pequeño Raptorex era en realidad un juvenil Tarbosaurus (otro tiranosaurio, pero modelo estándar, con cabeza grande y dientes largos, del tipo de los que aparecen en películas). También incluyeron entre los resultados que el fósil provenía realmente de Mongolia y databa del Cretácico tardío, una diferencia de unos 60 millones de años, nada más.



Y para no extenderme mucho más, les dejo mencionado el caso de Nanotyrannus, otro tiranosaurio minimalista (pero no tan pocket como Raptorex) descripto por el vapuleado R. Bakker y relegado a Tyrannosaurus juvenil por el siempre dispuesto J. Horner (aunque en la actualidad, el viejo Jack se encuentra intentando obtener un dinosaurio a partir de la manipulación de genes de pollos -aunque usted no lo crea-).

Pocas veces la variación ontogenética es tenida en cuenta a la hora de revisar y describir nuevas especies (y ahora no me limito a dinosaurios). Quizás esto sea un producto del paradigma tradicional entre los paleontólogos de considerar que la información contenida en las rocas es sólo una pequeñísima porción del pasado geológico, por lo que se vuelve estadísticamente reducida la posibilidad de encontrar dos individuos de la misma especie.

La moraleja de estas historias podría ser que hay que tener cuidado a la hora de definir nuevas especies, y nunca dejar de lado las posibles variaciones ontogenéticas, o, también podría ser, nunca llevarse mal con el buen Jack, quién siempre se prestará para hacer desaparecer un par de dinosaurios de la historia.

Jack Horner meditando sobre qué dinosaurio
dilapidar próximamente.

... really, there are too many dinosaurs.
  
Bibliografía

Bakker, R., Sullivan, R., Porter, V., Larson, P. y Saulsbury, S. 2006. Dracorex hogwartsia, n. gen., n. sp., a spiked, flat-headed pachycephalosaurid dinosaur from the Upper Cretaceous Hell Creek Formation of South Dakota. En: Lucas, S. y Sullivan, R. (eds.) Late Cretaceous vertebrates from the Western Interior. New Mexico Museum of Natural History and Science Bulletin 35: 331-345. Trabajo accesible gratuitamente aquí

Fowler, D., Woodward, H., Freedman, E., Larson, P., Horner, J. 2011. Reanalysis of “Raptorex kriegsteni”: A juvenile tyrannosaurid dinosaur from Mongolia. PLoS ONE 6 (6): 1-7. Trabajo accesible gratuitamente aquí

Horner, J. y Goodwin, M. 2009. Extreme cranial ontogeny in the Upper Cretaceous Dinosaur Pachycephalosaurus. PLoS ONE 4 (10): 1-11. Trabajo accesible gratuitamente aquí

Longrich, N. y Field, D. 2012. Torosaurus is not Triceratops: Ontogeny in Chasmosaurine Ceratopsids as a case of study in dinosaur taxonomy. PLoS ONE 7(2): 1-10. Trabajo accesible gratuitamente aquí

Scannella, J. y Horner, J. 2010. Torosaurus Marsh, 1891, is Triceratops Marsh, 1889 (Ceratopsidae: Chasmosaurinae): Synonymy through ontogeny. Journal of Vertebrate Paleontology 30 (4): 1157-1168. Trabajo no accesible grauitamente, lamentablemente, pero pueden ver el abstract aquí